Testimonio: Cristian Zenteno

Captura de pantalla 2015-11-07 a las 6.03.59 p.m.Éramos una familia constituida por cuatro integrantes. Mi hermano nació con un cáncer y el diagnóstico no era alentador. Mis padres en su desesperación llegaron donde una persona cristiana evangélica, la cual nos habló sobre lo que nos pasaría y lo que debíamos hacer era aceptar a Cristo. A la edad de 6 años fallece mi hermano producto de la enfermedad, pero Dios se encargó de poner paz y tranquilidad a nuestra familia, y fue así que seguimos en el evangelio por muchos años. Un quiebre en la iglesia y el cansancio de mi padre por la obra provocó que se alejara, siguiendo nosotros el mismo camino. Desde ahí en adelante vino un tiempo muy difícil para nosotros y para mí especialmente. Sin embargo, Dios siempre estuvo ahí.

Sin tener la opción de seguir mis estudios superiores entre a la Armada, a partir de ese momento mi vida cambió, surgieron depresiones, inseguridades, deseos de hacer mi propia voluntad, una baja autoestima, no obstante, mi deseo de volver siempre se mantuvo. A pesar de todas las dificultades y de tocar fondo en distintas áreas Dios siempre estuvo conmigo y mi familia, y lo demostraba salvándome y ayudándome en toda circunstancia. Los deseos de estar cerca de Dios se volvieron más fuertes y en el año 2013 a través de una invitación de una amiga del Templo, me acerqué en primera instancia al grupo de jóvenes y fue en un culto de día domingo en el que hice mi confesión de Fe. Desde entonces, Dios cambió mi vida, no tan solo me dio paz, sino que también restauró mi relación con mis padres. Dentro de esos cambios me discipulé, me bauticé, y actualmente me encuentro liderando junto a otros hermanos el grupo de jóvenes. Hoy puedo ver muchas de las promesas de Dios realizadas en mi vida, he sentido la mano de Dios en mi familia y tengo la convicción de que seguirá haciendo cosas maravillosas en mi entorno. Dios restauró mi vida, trajo una nueva esperanza, un caminar distinto lleno de gozo, sanidad, crecimiento en el conocimiento de Dios y una nueva visión. Puedo señalar que apartado del Señor nada sale bien, no se toman buenas decisiones, y las consecuencias de ella pueden generar un gran daño en la vida propia como en aquellos que tú más amas. Dios es el único que puede ayudarte, socorrerte en los momentos más adversos.

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida …” Juan 14:6

Testimonio: Ángela Orellana Valladares

Mi nombre es Ángela Orellana Valladares.

Captura de pantalla 2015-10-27 a las 5.40.14 p.m.Llegué a la iglesia derrotada, con mucha pena, tristeza, angustiada totalmente, muy decepcionada de la vida, decepciones amorosas entre otros, no le encontraba sentido a la vida, no tenía ganas de vivir, muchas veces me preguntaba para qué estoy acá en la tierra, a pesar de ser una persona profesional y tener un muy buen trabajo, donde tenía personas a cargo y teniendo un muy buen sueldo con muchos beneficios en la empresa, para mi la vida seguía no teniendo sentido. ¡No era feliz!.

Hasta que un día 10 de febrero de 2010 un tío muy querido se enfermó y toda la familia (sobrinos, sobrinas, hermanos, primos, tías, mamá, etc.), se reunieron y realizaron cadenas de oraciones todos los días para orar por el Tío Pello”, el cual yo quise también participar en esa oración, fue así, cuando vi a mi sobrina Dennise y Valery orando al señor con tanto amor, tanta ternura y por sobre todo con tanta fe que impactó mi vida, y las vi tan felices adorando a Dios, ¡y yo con mi corazón tan destrozado, con tanta tristeza que tenía!. En ese momento cerré mis ojos y le pedí a Dios ¡Quiero ser como ellas!, ¡Quiero ese amor!, ¡Quiero que mi vida tenga sentido! ¡Quiero ser tu hija!, también le pedí que me quitara esta angustia que me atormentaba día a día.

Al finalizar la reunión sentí un amor tan grande por Dios, que anhela cada día que llegara la tarde para juntarnos a orar y alabar a Dios, empecé a escuchar alabanzas que me hacían meditar y empecé a cantar con entendimiento y empecé a orar a Dios.

Después de esas reuniones sentí de ir a la iglesia y fue así como llegue a Templo Colón, empecé a escuchar la palabra, recibí a Cristo como único salvador, realicé mis procesos, y hoy estudio en el instituto bíblico en 3 años.

Ya hacen 4 años que me congrego, pero mi tristeza aún seguía, a pesar de haber hecho mis procesos, y estar sirviendo a Dios. Dentro de mis oraciones siempre le pedí a Dios que me quitara la agustia o tristeza que tenía en mi corazón. Un día de enero de este año 2014, tuve un sueño, Dios me visitó por intermedio de una hermana, ella tocaba mi corazón, al poner sus mano sentí que mi corazón se inflaba como que  que algo salía de mi interior, mientras ella tocaba mi corazón y me decía: “Dice el señor te ha sanado tu corazón, toda tu tristeza ya no está contigo”. Mientras decía eso mi corazón siempre estuvo inflado, al terminar de hablarme saca su mano de mi pecho y sentí que mi corazón volvía a su tamaño original. Desperté y toqué mi corazón, sentí que que algo habia salido de mi, me sentí aliviada, estaba muy contenta y di gracias a Dios por contestar mi oración, ya no tengo esa tristeza que atormentaba mi vida, Dios ha sanado mi corazón.

Anímo a mis queridos hermanos a orar siempre al Señor, nunca perder las esperanzas, ser perseverante, pues tengo la convicción que Dios tiene un propósito para cada uno de mis hijos.

 

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